Olvídate de sistemas rígidos: en nutrición, lo “único”, eres tú.

Existe una falsa creencia de que debemos seguir un horario estricto con un número fijo de ingestas diarias. Nos han repetido tanto lo de las cinco comidas que lo tratamos como una ley médica. Pero la realidad es muy diferente: no hay un único método de organizarse, simplemente porque cada cuerpo, cada rutina y cada día son distintos. El centro de tu alimentación debes ser tú, no una norma externa.

Esta rigidez se vuelve aún más absurda cuando llegan las vacaciones. El verano y los días de descanso están para romper con la rutina, no para vivir pegados al reloj pensando en si “toca” comer. Si estás de viaje, te levantas tarde y solo te apetece hacer dos comidas fuertes, está perfecto. Si un día el cuerpo te pide picar algo ligero varias veces, también está bien. Escucharse no es compensar los excesos del día anterior; es darle al organismo lo que necesita cuando realmente lo pide.

Si después de un almuerzo copioso no tienes hambre por la noche, no pasa nada por saltarte la cena. Tu cuerpo te está diciendo que ya tiene suficiente energía. Por el contrario, si te apetece cenar, tampoco pasa nada. Lo importante es que esa decisión nazca de tu apetito real y no de la obligación mental de cumplir con un expediente de “X” comidas al día.

Olvídate de las cifras. Ni cinco, ni cuatro, ni tres. Libérate de las normas impuestas y de la culpa, especialmente en tus días libres. Aprende a confiar en tus señales de hambre y saciedad; ese es el único sistema que de verdad funciona.

Si necesitas organizar tu camino nutricional, ponte en contacto conmigo y empezamos a trabajar en una alimentación a tu medida.

Artículos relacionados